Fragmento de Protágoras de Platón


“…los que llevan las enseñanzas por las ciudades, vendiéndolas y traficando con ellas, ante quien siempre está dispuesto a comprar, alaban todo lo que venden. Mas, probablemente, algunos de éstos, querido amigo, desconocen qué, de lo que venden, es provechoso o perjudicial para el alma; y lo mismo cabe decir de los que les compran, a no ser que alguno sea también, por casualidad, médico del alma. Por lo tanto, si eres entendido en cuál de estas mercancías es provechosa y cuál perjudicial, puedes ir seguro a comprar las enseñanzas a Protágoras o a cualquier otro.

Pero si no, procura, mi buen amigo, no arriesgar ni poner en peligro lo más preciado, pues mucho mayor riesgo se corre en la compra de enseñanzas que en la de alimentos. Porque quien compra comida o bebida al traficante o al comerciante puede transportar esto en otros recipientes y, depositándolo en casa, antes de proceder a beberlo o comerlo, puede llamar a un entendido para pedirle consejo sobre lo que es comestible o potable y lo que no, y en qué cantidad y cuándo; de modo que no se corre gran riesgo en la compra. Pero las enseñanzas no se pueden transportar en otro recipiente, sino que, una vez pagado su precio, necesariamente, el que adquiere una enseñanza marcha ya, llevándola en su propia alma, dañado o beneficiado.”




lunes, 7 de noviembre de 2011

EL TUCUPÍ.



Es una de las comidas que más me gustan.

El “tucupí” es una salsa o caldo que se hace de una raíz sacada de la tierra como las patatas. La piel es marrón y por dentro blanco. Eso es la “mandioca”.


Se ralla y queda  como una masa mojada. Después se coloca dentro de un objeto hecho de paja trenzada, esto es el “tipití”.


Se estira el “tipití”  con un artilugio de madera y va saliendo un líquido amarillo. Lo que queda dentro del “tipití” es la masa, pero está húmeda y falta cocinarla en un horno de casi tres metros de largo y uno de altura, redondo y hecho de barro.







El líquido amarillo queda en un caldero 24 horas para que baje la pasta de almidón y arriba queda el líquido: “tucupí”. Se coloca en una botella pero no se bebe porque es venenoso por eso se cocina con el calor del sol, al aire libre, durante una semana.


Pero si quieres una salsa muy buena, déjalo dos semanas y después echa guindillas y ya está listo para consumir. Al gusto del consumidor.


Rany Rui. IES Rey Pelayo. Cangas de Onís.

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